Ahora sí, manos a la obra Lilia Maritza, dejé a mis compañeros en Tucson y de vuelta a la montaña con una sola tienda de acampar (la mía), el bosque, mi carro y yo. Llegué y a la mierda, me dormí en el carro jajaja, una parte de mí puso de pretexto que estaba lloviendo, parfavaaar! a la casita de campaña no le entra ni una gota de lluvia. La otra parte de mí se sintió más segura en el carro por miedo, sí. Como no dormí tan bien en la noche, toda echa bola en el carro, decidí en la mañana dormir un poquito más ya dentro de mi casita, me levanté y tenía un hambre horrible, voy a mi carro, abro la cajuela, saco el MSR que me compré (un aparatito para prender fuego, algo así como una hornilla de estufa, aunado a un tanquesito de gas desechable que se compra aparte), ¡Oh sorpresa!, ¡No encajaron! jajaja… y sí, me quedé sin cocinar con fuego, a puro sándwich y alimentos sin cocinar obviamente, ni de chiste me iba a regresar a Tucson por eso. Y me fue bien ¡eh!, así me acabé más pronto lo perecedero y mis sándwiches de atún con limón y pimienta eran deliciosos, no sé que era, pero todo, cualquier cosa que me comía me sabía a gloria, tal vez andaba en el mood de andar de buena onda conmigo misma. Los días eran lentos, tratando de incorporarme a esta nueva vida, me desesperaba un poco de no hacer más cosas como estaba acostumbrada, me ponía a leer, a hacer yoga, a observar a la gente, de repente veía muchos viejitos pero no sabía a dónde fregados se iban a hacer hikes, porque yo me iba a caminar y no veía a nadie, entonces me entraba un poco el pánico y mejor me devolvía, entre semana estaba súper solo el lugar y supomgo que más en este mes cuando hay más lluvia que en otros meses, pero eso sí, los viejitos no faltaban, era un mundo de viejitos.
La primer noche que dormí ahora sí en mi casita debo admitir que me puse ultra-paranoic jajaja, cualquier ruidito de afuera hacía que mi imaginación se pusiera muy creativa. Y sí me reclamé a mí misma: «¿Es neta, Lilia, esto es lo que querías? o sea por algo la gente no viaja sola, te crees todas esas mentiras de internet y aquí estás, con todo el miedo del mundo porque no aguantas que se muevan las ramitas de afuera y que te caigan no sé que cosas que tiran las ardillas desde arriba»… bueno, para no hacerles largo el cuento ya las demás noches dormí más tranquila, dejaba mis cosas por mucho tiempo solas y nunca se me perdió nada, no me robaron nadita, aunque lo dejara afuera, mis respetos eso sí, fue más mi miedo y mis inventos. Pero bueno estamos aprendiendo, es la primera vez que acampo sola.
Me tocó un día ver a dos jóvenes muuuy temprano llegar a tomarse fotos, posando y todo el show. Hasta muchachos jugando algo así como «airsoft» pero los tontos se pusieron a jugar por ahí donde está el estacionamiento, los baños, por donde pasa más gente. La neta siempre buscaba ver gente que tuviera finta de escaladores, y es bien chistosos, porque empecé a reconocerlos de inmediato: Nooombre, este no va a escalar va con calcetines blancos y zapatos blancos impecables, ni de chiste. No, estos tampoco, llevan como 4 chamacos. Como que no le gusta mucho hacer ejercicio a este wey para querer escalar. Ni de chiste, trae ropa muy cómoda, en fin. Entre semana ni un alma de escalador me tocó ver.
Un día me quedé dormida después de la comida, escuchaba voces afuera de mi tienda de campaña, se escuchaban como ingleses, hasta pensé que podrían ser alemanes, por el acento. Y dije: ojalá sean escaladores, para por fin poder ir a escalar. Me asomó y digo en voz alta para mí: vergas, hindús! Eran 3 y por mi experiencia y prejuicios, decidí salirme e irme a dar la vuelta hasta que se fueran, estaban armando una fogata a unos 10 mts de donde yo estaba, de reojo nomas alcancé a ver que estaban de blanco y como rezando y en postura «del niño» como en yoga jaja… ¡Váaaamonos de aquí» me dije. Me fui a dar la vuelta, caminar un poco, regreso y ya nomas quedábamos ellos y yo, obviamente me quedé en mi carro un poco alejada, por fin se fueron a las 9:48, esa vez también decidí quedarme a dormir en el carro jaja…
Los días pasaban y yo no conseguí escalar, mandé mensajes en grupo de escaladores de la zona y entre que me preguntaban y luego se hacían locos y ya no se hacía nada, me empezaba a frustrar porque ese era mi objetivo de quedarme, después decidí disfrutar mi estancia de otra manera. Recuerdo en mi trabajo que pensaba: «ya, quiero irme de viaje y disfrutar más allá afuera que estar tanto tiempo encerrada y sedentaria». Y no estar aprovechando esta oportunidad, y claro, no todo es como nos lo imaginamos, tuve miedo, me preocupaba de cosas que pasaban por mi cabeza, en cualquier situación hay momentos buenos y malos y ahí estaba yo, preocupada por que no podía escalar porque no encontraba gente, en lugar de tomarlo tranquilo y aprovechar más el lugar donde me estaba quedando, al final opté por esto y así fue.
Llegó el fin de semana y dije: ya chingué, claro que va a llegar gente a escalar. Fui a un sector donde me perdí jaja y caminé alrededor de una hr sin conseguir llegar, llegué a mi carro y en cuanto me senté empezó a llover súper fuerte jajaja… esa vez llovió más que los demás días, no paró hasta el siguiente día, por el clima aunque hubiera llegado al sector no iba a escalar. Ese día me la pasé leyendo un libro muy bueno que recomiendo «The Peak». Ya me quedaba un día más, fui a uno de los sectores que ya había ido con mis amigos, el hike fue muy entretenido como de costumbre pero al llegar a la roca estaba una pareja que nos habíamos encontrado la semana pasada y le estaban dando a una ruta dura, eran los únicos que estaban, se portaron muy bien conmigo pero no pude escalar ese día tampoco.
Y bueno, después de 10 días en Mt Lemmon tuve que regresar a la civilización un rato porque tenía cita con el dentista, esto de traer brackets se necesita mucho mantenimiento y cuidados, y como ya quiero que me los quiten pues nimodo a portarse bien y que me hicieran el chequeo mensual. Igual, aproveché para finalizar algunos pendientes que tenía y ya poder andar más agusto en el viaje.






